“Son unos charlatanes y unos presumidos. Se creen serios y preocupados por problemas importantes. (…) En muchas ocasiones habrían podido tener una organización con jefe, leyes y costumbres propias. Pero jamás lo lograban definitivamente. Peleaban, se olvidaban de todo…”. Fragmentos de El Libro de la Selva, Rudyard Kipling.

La incompetencia activa

El peligro de los tontos con iniciativa

"La tontería se coloca siempre en primera fila para ser vista; la inteligencia detrás para ver".
Isabel de Rumanía

"Con tontos, ni a coger hongos".
Anónimo

Es inútil, y lleva a la melancolía, reflexionar sobre cómo han conseguido llegar, y mantenerse en un puesto que les viene grande y que revela cada día su incapacidad y su falta de talento: la realidad es que ya están allí y quieren quedarse.
 
Son individualistas, incansables y jamás se autocuestionan. Muchos tienen experiencia y titulación, pero cada día se delatan como incompetentes activos saboteando con entusiasmo el trabajo propio y el ajeno. Actúan por su cuenta, no piden ayuda ni consultan, y para que nadie les detenga, se saltan las normas y la cultura de la organización. La teoría del “saber- poder - querer” para conseguir un objetivo, salta hecha añicos cuando ellos intervienen. En demasiadas ocasiones, no saben y no pueden, pero desean con toda su alma sobresalir.

Se dan en todo tipo de trabajos y empresas, pero destacan mucho más en puestos técnicos, creativos o de organización, que es donde se revela más crudamente el daño que generan. Los resultados que producen son chapuceros, esperpénticos y a un coste exorbitante. Si además ocupan un puesto de alta responsabilidad, nunca hay que subestimar su capacidad de generar catástrofes.

Sus jefes y compañeros sufren directamente las consecuencias de sus errores en forma de desgaste personal, distorsión en la planificación y en el desarrollo del trabajo: los objetivos se incumplen y los resultados económicos de los proyectos se ven afectados negativamente. El ambiente laboral se enrarece, aparecen fricciones personales y hay serios reparos para colaborar con ellos o  asignarles nuevos proyectos.

Ellos también sufren. Su autoestima es baja, y se sienten frustrados, pero nunca se desaniman. La emoción les domina, y para compensar, vuelven a la carga con más fuerza e impulsividad intentando emular por su cuenta y riesgo a compañeros o jefes, sobresaliendo y llamando otra vez la atención para lavar su imagen. El círculo vicioso se pone en marcha y trae más problemas para todos: el jefe es amonestado por la dirección, y también recibe quejas sobre el desplanificador por parte de sus colaboradores.

Si fracasaran los intentos razonables de mejora, se vuelve inevitable librarse de ellos. La solución puede llegar con un cambio de funciones, el traslado, un ascenso, la dimisión o simplemente el despido.

Sin embargo, mientras no se concrete la solución, es preciso actuar honestamente sobre este tipo de personas, recordando siempre que, mientras ocupen su puesto, los empleados son responsabilidad de su jefe inmediato.

  • Jamás debemos abandonarles a su suerte, o dejar de darles trabajo.Esto ocasionaría una gran desmotivación en el resto del equipo y toda suerte de comentarios malévolos. El individuo en cuestión quedaría en una indigna situación personal y laboral. Además podría, con toda la razón, denunciarnos por mobbing.
  • Nunca debemos mirar hacia otro lado. Es una irresponsabilidad que originará que el resto del equipo crea que es posible saltarse las normas y los objetivos, o se sienta agraviado por el trato de favor.
  • Hay que evitar por completo el paternalismo. Es la peor forma de tratarles, y no conseguiremos sino dañarles a ellos y a nosotros mismos cuando nos arrastren en su inevitable caída.
  • Se mejorará la comunicación con ellos, informándoles de forma clara, honesta y transparente de los cambios.
  • Se hará especial hincapié en el cumplimiento de las normas y procedimientos de la organización.
  • Solamente se les asignarán tareas que sean capaces de cumplir satisfactoriamente.
  • Se les marcarán objetivos claros y  realistas en plazos, costes y calidad.
  • Sus trabajos serán controlados y supervisados por su responsable.
  • Se analizará su formación, sus competencias y su entorno laboral, para valorar si pueden desempeñar otro puesto dentro de la empresa.
  • Tras un periodo prudente, se debe tomar una decisión definitiva sobre su encaje en la empresa.
 
    Tras tomar la dura decisión, pensaremos aliviados:
    “Que encuentre tanta paz como descanso nos deja su marcha”